sin título
Era de día, un día limpio en la ciudad, esa ciudad de todos y que no pertenece a nadie, donde todo es ruido y tráfico y una sirena grita y otra le responde en la cercanía cual eco de valle y una calle, un asfalto se llena de sangre, y un río rojo baja despacio, muy despacio, hasta filtrarse en las alcantarillas y un camión lleno de arena en medio de la vía está durmiendo el sueño de la culpa, de la culpa de la muerte.
Y una canción se oye, caos y gritos, carreras y sirenas, curiosos y el morbo popular se agrupa en torno a la tragedia, a la punta de ese iceberg que se ve de vez en vez al pasear por las calles impersonales.
Y la gran manzana se colapsa, el ritmo decrece; tan solo un incidente más, unos comentarios de bares y el vuelo de palomas negras.
Y una canción se oye, caos y gritos, carreras y sirenas, curiosos y el morbo popular se agrupa en torno a la tragedia, a la punta de ese iceberg que se ve de vez en vez al pasear por las calles impersonales.
Y la gran manzana se colapsa, el ritmo decrece; tan solo un incidente más, unos comentarios de bares y el vuelo de palomas negras.
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